lunes, 17 de octubre de 2011

instinto

Daban las siete menos cuarto de la mañana y el sol no salía todavía, el frio de la noche aun estaba presente en aquel día de primavera. Salí de mi casa con rumbo a la universidad y para no retrasarme decidí caminar que a esperar algún minibús madrugador. El sueño acariciaba mis recuerdos de la noche que tuve, Bryan desfogó en mi toda su ansia de semanas de estar evitándolo –al fin se vengó- me digo a mi misma y continuo mi marcha. A unas dos cuadras de mi casa pienso en que  se debe estar levantando recién ¿será que me busca a su lado? , me paro de golpe debo alejarlo de mi mente porque no es bueno enamorarse del amigo. Observo las casa a mi alrededor grises quizás porque aun no sale el sol y l frio congela mis mejillas pero el camino es largo y debo continuar; camino con la vista al suelo deseando que pronto acabe el día para volver al lado de Bryan y sin darme cuenta llego a la avenida, Villa Fátima siempre me ha encantado pienso que tiene un aire mágico, de aventura; me paro en la parada esperando mi transporte pero sé que en el fondo no quiero esperar, miro al cielo y recuerdo mis anhelos de niña, tomar un bus y viajar hasta donde me alcance la vista- ¿Por qué no hacerlo?- me digo y sin pensarlo dos veces camino en dirección contraria a mi destino. Recorro las calles de villa Fátima buscando la parada a donde llegan os buses que vienen de los yungas, al llegar me subo a un MICRO que parte en hacia la tranca de Kalajahuira  pago mi pasaje y me siento al lado de la puerta, ya no pienso en nada. Al llegar a la tranca me bajo a unos metros del control policial me veo totalmente sola, me alejo del camino ocultándome detrás de unas tiendas me siento en el suelo y me abrazo a mí misma. Pocos minutos después a lo lejos se escucha el sonido de una MOTOCICLETA, instintivamente salgo a la carretera y me quedo observando al desconocido que venía encima de su ruidoso aparato, el tipo resultó ser agradable y me ofreció transporte asentí con la cabeza y  sin decir alguna palabra monte junto con él y me llevo hasta los criaderos de truchas en Pongo, durante el trayecto imagine como sería una vida al lado de aquel desconocido –una aventura inigualable- me digo a mi misma sin que me oiga mi salvador. En pongo recibí al sol, bañó primero las altas montañas de la cordillera resaltando su verde invernal; desde que mi acompañante me dejo no me separe del camino, se que todavía falta mucho por recorrer, abro mi mochila y saco una MANZANA la cual se resbala de mi mano rodando cuesta abajo, al principio la observo rodar y después me acuerdo de que es lo único que tenía para comer, corro tras ella aunque sé que es en vano para ese entonces ya estaría muy dañada, pero  aun así era un buen motivo para avanzar corrí cuesta abajo hasta que llegue a una casita solitaria, sin prestarle atención seguí mi marcha pero esta vez deje de correr y camine, cuando ya me alejaba del lugar una voz detrás de mi me grito- ¡alto!- me paralice en ese instante no supe si darme la vuelta o continuar y de repente una mano se poso en mi hombre, era cálida, era una mujer. Su nombre era María, una campesina de unos 18 años de edad que había quedado viuda después de que una explosión en la mina matara a su esposo que era minero, me explico que no pasaba mucha gente por el lugar, me pregunto qué hacía por esos lugares y a donde me conducía a lo que no respondí, me preguntó mi nombre y no se lo dije ero el momento en que me dijo si me iba a quedar lo negué con la cabeza, horas más tarde me preparó una amarro en donde guardo unos panes, carne, algo de fruta,  me acompaño un buen tramo del camino y l momento de despedirnos me dio un MAPA, me dijo que fue de su esposo y que me guaria ir rutas seguras, me dio un beso en la frente y volvió sobre sus pasos, me quede mirándola alejarse sin dar vuelta atrás después desdoblé el mapa y continúe con mi camino. Horas más tarde llegué a un lugar mas cálido, me saque el saco de cuero lila que me abrigaba horas atrás y continúe, el mapa decía que, el camino era seguro si se andaba de día y durante la noche se debía improvisar rutas ya que era muy peligroso andar de noche por aquellas rutas, una MARIPOSA aparece de la nada y empieza a revolotear a mi alrededor captando mi atención, olvido el camino y continuo no sabiendo si ella me seguía o yo la seguía y sin darme cuenta había abandonado el camino principal adentrándome en la espesa vegetación del lugar, no sabía a dónde iba solo sabía que era una cuesta muy larga ¿qué planes tenía aquella mariposa?, poco a poco fui dejando atrás mis cosas, la mochila, el saco, mi pantalón, me quede en ropa interior y solo poseía el atado que María me había preparado, no importaba ya y seguí con mi ruta la mariposa se había perdido durante el camino,  solo estaba yo y aquella naturaleza cuando de repente llegue a la cima, una extensión basta de montañas bañadas en una vegetación verde se alzaba ante mis ojos- el punto más alto- me dio a mí misma, el sol estaba en lo alto debe de ser medio día me siento entre las hojas caídas de las copas y abro el amarro saco una MARRAQUETA y la como junto con la carne de llama, me doy mi tiempo para contemplar aquel paisaje para ese entonces las primeras clases ya habrían concluido y mis amigas se preguntarían en donde estoy – bien, estoy en lo más alto del mundo- les diría y continuo comiendo.  El ruido de los animales, el viento entre los árboles, alguno que otro rio se escuchaba a lo lejos me producían una paz inmensa, pienso en Bryan, recuerdo sus caricias torpes y sus besos ansiosos que miles de horas atrás había regado sobre mi cuerpo, ahora ¿acaso se imaginará en dónde estoy? Lo extraño, lo quiero, lo amo, saco una MANDARINA del atado y empiezo a pelarla, ya no recuerdo nada de la ciudad, no recuerdo ni siquiera de mi nombre, no se en donde estoy ni a donde voy, acabo de pelarla, me paro, vuelvo a amarrar el atado y continuo mi marcha chupando la mandarina.

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